Historias

Cuento de la princesa Chili y el camino a casa

Una aventura mágica para encontrar el reino... y algo aún más valioso

Lili vivía con su papá en una pequeña casa al borde del bosque. Era una casa cálida, con cortinas de colores, suelo de madera crujiente y olor a cacao por las mañanas. Papá solía leerle cuentos a Lili, y a ella le encantaba jugar en el jardín y hablar con pájaros, ardillas e incluso mariposas.

Lili tenía un don especial: entendía el lenguaje de los animales. Nadie le creía… nadie, excepto su papá. Él siempre decía:— «Si lo escuchas, es que es verdad.»

Un día, Lili vio en el banco frente a su casa a una perrita pequeña y perdida. Tenía ojos tristes y un pelaje blanco y negro lleno de hojas y ramitas.

— «Me llamo Chili… Soy una princesa del reino mágico de los perros. Me he perdido…» —susurró.

Lili lo entendió todo de inmediato.— «Encontraremos tu reino,» —prometió.Pero primero tenía que hablar con papá. Lili temía que no le creyera y no quisiera ayudar. Pero para su sorpresa, papá no dudó ni un segundo:— «Vamos a ayudar a Chili.»

Así comenzó la aventura. Lili puso en su mochila un mapa, una brújula y galletas. Chili movía la cola, y papá los guiaba por el sendero del bosque.

En el camino escucharon un llanto. En una rama estaba un pajarito:— «¡Mi polluelo se ha caído del nido! ¡Ayuda!»Chili olfateó y encontró al polluelo bajo un arbusto. Papá lo recogió con cuidado y lo colocó de nuevo en el nido.— «Gracias,» —dijo el pajarito. «No los olvidaré.»

Pronto encontraron a un gato llamado Muf. Era gris, larguirucho y muy seguro de sí mismo. Sus ojos brillaban y su voz sonaba como una canción.— «Conozco todos los caminos del mundo,» —ronroneó.— «¿El país de los perros? Claro. Sigan derecho por el Bosque Negro.»

Siguieron sus indicaciones… pero el bosque era una trampa: los caminos se confundían, todo estaba oscuro y silencioso.

Se perdieron. Papá estaba callado, Chili gemía bajito, y Lili sentía que todo había sido en vano.Pero de pronto, el pajarito apareció en el cielo.— «¡Síganme!» —cantó.

El pajarito voló delante de ellos y pronto la luz se abrió entre los árboles. Estaban a salvo.

A lo lejos, detrás de unas colinas, se oía un alegre ladrido.Subieron y vieron el país de los perros: puentes de huesitos, palacios de cojines, perros con capas y coronas.

— «¡Chili! ¡Nuestra princesa!» —gritaron.El Rey y la Reina corrieron a abrazarla. Todos estaban felices.

Pero por la noche, bajo las estrellas, Chili se acercó a Lili y dijo en voz baja:— «Ustedes son mi verdadera familia. He encontrado lo que no tenía ni siquiera en el reino.»— «¿Estás segura?» —preguntó papá.— «Segura,» —asintió Chili.

Los tres regresaron a casa —un poco cansados, pero infinitamente felices.

Y Chili —la princesa del reino mágico— cada mañana los esperaba en la puerta moviendo la cola, porque ahora tenía lo más importante: un hogar.

Y vivieron felices para siempre.